Hay quienes piensan que es un verbo en infinitivo. Otros que ni siquiera se animan. También están los que saben lo que es pero piensan en los obstáculos, lo que obstruye el alcance de sus objetivos. Pero esto es mucho más que un concepto. Existe la tendencia envidiosa de pensar que aquel que logra lo que se propone muchas veces es porque fue "ayudado". Entonces el carácter de prócer se divide entre el que tiene, organiza y piensa el sueño, por un lado, y en aquel que pone los medios para poder ayudar y alcanzar ese sueño del que solo es un receptor que ejercita la escucha.
Los sueños son realidades que se nos presentan, que se nos muestran, de las cuales nos sentimos parte. Aparecen de manera manifiesta o también pueden ser invisibles, lo que nos enseña a tener que captarlos por sentido común. Son porciones de historias, moralejas, quizás predicciones, vivencias futuras, aquello que nos arrepentimos y buscamos una segunda oportunidad para poder demostrar que sí podemos.
Lo que queremos, imaginamos que está al alcance de la mano. Pero cuando sabemos que hay obstáculos es cuando nos convertimos en soñadores. La imaginación acompaña esos momentos, donde uno siente que tiene que demostrar toda su capacidad para hacerse sentir. Por eso existen las puertas. Para que reaccionemos. Nos demuestran que lo que queremos está guardado. Pero si existe una puerta también existe la llave. Nuestro objetivo es encontrarla.
Por eso hay que tener en cuenta que soñar es algo muy amplio. Y es una virtud de la vida. Tener algo que alcanzar nos hace sentir vivos. Soñar es la obra más maravillosa de la tierra. Es poner a prueba nuestra capacidad de no rendirnos. Es la muestra más clara de la respuesta de los sentidos de una persona. Lo que uno no puede ocultar es su interior: sus pasiones. Y soñar acelera esto.
Soñar es barrer fronteras y límites para alcanzar lo que uno quiere. Y mientras uno sueñe, nunca existirá rival.
martes, 12 de octubre de 2010
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