El ofrecimiento excesivo de información que cada vez está más rápida y fácilmente accesible produce una saturación en el pensamiento. Como una computadora se cuelga cuando tiene que procesar 25 funciones a la vez, el cerebro no es la excepción. De ahí nace el acostumbramiento al resumen despertado como una nueva forma de consumir la información.
La abundante cantidad de oferta nos lleva a elegir lo que nos conviene, pues no tenemos tiempo ni ganas de concentrarnos en lo demás. Lo que no es atractivo de acuerdo a nuestros intereses es desechado sin detenernos a buscar el por qué.
La saturación es un proceso que enceguece y pone en blanco la mente. Es una reacción fugaz de nuestro raciocinio, que nos juega en contra y avanza con delatar una acción de cansancio disfrazado de rechazo.
A la vez lleva a conformarnos repetitivamente con algo que ya conocemos y que no nos produce esa sensación. Lo repetimos hasta el cansancio. Y para no volver a hacer siempre lo mismo, en ese instante nos permitimos una apertura de mente que la saturación había cerrado.
Entonces el sentido sería atenuar la saturación. Hay que acostumbrar al cerebro a procesar cosas constantemente. La idea es disminuir la sensación de rechazo que produce el congestionamiento de tránsito de ideas.
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